domingo, 24 de abril de 2016

Conferencia de Don Fernando Castro Flórez

LO PROMETIDO ES DEUDA. UNA MEDITACIÓN (EXTRAÑA) SOBRE LA BELLEZA

                Cada año los actos de la final cuentan con una conferencia-coloquio impartida por un especialista en el tema que motiva la Olimpiada. Esta VI edición gozó con la presencia del profesor de estética, investigador, crítico de arte y comisario de exposiciones, Don Fernando Castro Flórez que deslumbró tanto a los alumnos como a los profesores con una charla del título sorprendente que encabeza esta página.
            ¿Qué es lo más bello del mundo? Nos preguntó de inicio el profesor Castro Flórez. Las respuestas varían mucho como nos iban mostrando una serie de magníficas fotografías que empezaban a ser proyectadas en la pantalla. Lo más bello es un Mc Donald, dijo el gran Andy Wharhol; o aquello que se ama, según la poetisa Safo, o el esplendor de las buenas proporciones, según esa venerable tradición que va de Pitágoras y Platón al canon de Policleto, la divina proporción de Luca Paccioli o la arquitectura de Palladio, y luego las interpretaciones que ligan la belleza a la moral, al ideal más allá de lo sensible, a lo virtuoso y perfecto (Tomás de Aquino).  

                Con comentarios constantes y jugosos que mezclaban en buena dosis la erudición y el fue ejemplificando las distintas y distantes ideas que sobre la belleza se han defendido a lo largo de la cultura occidental (pues ni un solo ejemplo ni comentario se hizo sobre oriente y su diferente sensibilidad). De la tradición clásica pasó a las novedades renacentistas, que reivindicaron la gracia innegable de lo accidental y lo concreto, es decir, la belleza presente en la singularidad individual de la naturaleza (Durero); y luego, ya en la modernidad, la belleza como representación de la interioridad (Vermeer), la subjetividad del observador (Las Meninas de Velázquez), o el viajar y el gusto romántico por los momentos sublimes, sean ante los paisajes enormes o ante las ruinas de un pasado que nos desvela esplendores perdidos. Y luego el siglo XX, con su mezcla de belleza y fealdad, de pasión y glamour, de cine, fotografía y performances, de boutades y manifiestos, como el Dadaísta de Tristán Tzara y su escandalosa reivindicación de la belleza del horror de la guerra, de su llamada a la destrucción del canon clásico. Y luego la belleza como narración, como memoria de lo que somos o de lo que podemos llegar a ser.


              Mientras mezclaba con sus comentarios, fotos, textos, un vídeo de Internet que atrapaba la atención y una canción que repetía en un estribillo en inglés este lema:No permitas que te digan que no puedes hacer algo, ni siquiera yo…/... Es el mensaje de Baudelaire: la belleza es la invención de uno mismo, pues cada uno tiene el deber de inventarse a sí mismo. En occidente la belleza ha terminado por ser una búsqueda y por ello también algo utópico. La belleza, escribió Stendhal, es una promesa de felicidad. Y toda promesa, como dice el refrán y el título de la conferencia, implica una deuda que debe pagarse. La filosofía comenzó con Platón quien, en su diálogo Fedón, narrando los últimos momentos de Sócrates, nos cuenta que éste, tras tomar la cicuta y pedir coraje a sus amigos, pide una última cosa a su discípulo Critón, que no se olvide de pagar la deuda (del gallo prometido a Esculapio). La Filosofía nació con una deuda y debe cumplirla. La deuda de pensar e interpretar cada nuevo presente, para que nadie acuse a la Filosofía de que no cumple lo que promete. Con esta llamada y advertencia, terminó su conferencia el profesor Fernando Castro, que fue seguida de unos minutos de interesante coloquio en el que respondió a las preguntas que le formularon los alumnos y alumnas presentes.




                                                                                                            Francisco Javier Rodríguez Buil

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